ni unx menos
Hace dos años que los terceros días de Junio se visten de mujeres marchando al unísono, convirtiendo sus voces en un grito que no deja de resonar durante toda la jornada, ‘’NI UNA MENOS’’. Lo que comenzó como una lucha matriarcal fue sumando en sus filas a familias enteras; hombres que deciden acompañar de cerca esta lucha por aquellas mujeres que son parte de sus vidas, niños que no dejan de ser niños pero que son el futuro de esta sociedad, personas mayores que velan por la vida de todas las mujeres y que esperan-aunque tal vez no lleguen a verlo- un cambio.
La lluvia, los días de frío, el agotamiento de la jornada laboral, parecieran no importar o por lo menos son dejados de lado por unas horas, porque el reclamo es más fuerte que cualquier condición climática, porque no hay nada peor que el sentimiento de no valer nada, de pensar que mañana podemos dejar de estar.
“No somos nada” leí una vez en Rayuela, y siempre lo tomé como una concepción acertada por parte de Cortázar. Ahora soy yo la que se siente así cuando escucho que la violencia de género se robó otra vida, así me siento cuando escucho el número de mujeres que en esta primera mitad del año nos han dejado, así me siento cuando entiendo que el Estado sigue ignorando los reclamos de una multitud que exige el cumplimiento de derechos, que no son más que algo nuestro, así lo estableció la constitución, pero quién la cumple?
Aunque nunca me gustaron los números, en este caso apelo a ellos para indicar que en estos cinco meses del año se registraron 8982 víctimas de violencia de género, esto equivale a un promedio de cinco víctimas cada dos horas. Lo escribo y me aterra, los números son desgarradores. Mientras tanto y cómo dije anteriormente, el Estado sigue manteniéndose ausente y de una u otra forma se convierte en cómplice de cada uno de los victimarios.
No sé cuantas marchas más se tendrán que suceder, no sé cuántos más “llegué bien” tendré que seguir esperando, no sé cuántas noches más tendré que volver a mi casa esperando que nadie caminé detrás mío, no sé cuanto tiempo más soportaré este miedo que que aprisiona y no libera.
Yo marcho por todas las victimas que no vuelven a sus casas, por la construcción de una sociedad con equidad de género, por un Estado responsable que no se quede en el banco de suplentes y se ponga realmente la camiseta, por más educación, por mas aceptación de normas y respeto hacia las diferencias del prójimo.
Ya lo cantó Serú Girán, ¿cuánto más llevará?
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