viajar sola

La primera vez fue difícil. Más en un mundo lleno de prejuicios, donde ser mujer y viajar sola es sinónimo de debilidad y peligro. Escuché mucho, interiorice poco. Entendí que la única voz que importa es la propia, y el resto se vuelve eco cuando la decisión ya está tomada. 
De todas formas, aunque quise, no pude impermeabilizarme al ciento por ciento; tuve miedo, incertidumbres. Tuve que resolver situaciones sola sin tener con quien consensuar ni en quien apoyarme. Tuve que accionar de la manera más rápida, tuve que aprender a cuidarme.
Hay días en los que me pregunto qué hubiera pasado si ese verano del 2015 no me hubiera animado, si hubiera hecho carne los miedos y las inseguridades de los demás.
Aprendí mucho, y cuando digo mucho es muchísimo. Coincidí con personas de todas partes. Me hice amiga de mujeres que estaban haciendo lo mismo que yo, y no me sentí tan sola. Desmitifiqué eso de que ''el que viaja solo es porque no tiene amigos'', si a veces cuesta decidir a donde ir a cenar, imaginate planificar un viaje. 
Escuché un montón de historias. Aprendí que no hace falta conocer a alguien de toda una vida para cerrar los ojos y sentir. Extrañé mucho. Dejé de juzgar sin motivos. Viajé sin equipaje, y hoy lo agradezco, por haberme hecho menos materialista. 
Al fin y al cabo las memorias son las que pesan cuando el sweater del pull&bear te quedó chico.

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